Sucedió en Santander

Presentación en el Ateneo de Santander el martes 21 de abril

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Los catorce relatos recogidos en este libro tienen dos puntos en común: todos son de autores cántabros o vinculados con Cantabria, y en todos la ciudad de Santander es el escenario, más o menos explícito, en el que transcurren las historias.

Para organizar el libro se ha optado por situar a los autores con un criterio cronológico, apareciendo ubicados en el orden de mayor a menor edad.

Ocho de los relatos ya habían sido editados con anterioridad, bien como textos independientes, bien formando parte de alguna novela. Así, «Los estonianos» (Jesús Pardo), fue publicado en el libro Tres relatos de Ediciones Tantín, en 1988; «El mundo que nos pertenece» (Mario Camus), apareció en Apuntes del natural (2007) y en 29 relatos (2010), ambos en Ediciones Valnera; «Los aventados» (Álvaro Pombo), fue publicado primeramente en ABC Literario el 12 de junio de 1992, luego en Cuentos reciclados, Anagrama 1997, y finalmente en Relatos sobre la falta de sustancia y otros relatos, Cátedra, 2013; «El panteón inhabitado» (José Ramón San Juan), formó parte del libro Los que duermen juntos, que publicó Ediciones El Desvelo en 2010; «La bofetada» (Enrique Álvarez), está incluido en su libro Prosa fanática, Santander, 1983; «El Capitán Cólera» (Carlos Villar Flor), forma parte de la novela Mientras ella sea clara, publicada por Ediciones Valnera en 2011; «Transferencia» (Javier Menéndez Llamazares) apareció por vez primera en el libro Con amigos como tú, editado por Los amigos de Camporredondo, en 2010; y «Lola Dinamita» (Rebeca Le Rumeur) apareció en el libro del mismo título publicado por Ediciones El Desvelo en 2010.

Los pertenecientes a Joaquín Leguina, Gonzalo Calcedo, Berna González Harbour, Jesús Ruiz Mantilla, Mario Crespo López y Marcos Díez Manrique han sido escritos expresamente para esta edición.

Texto de contraportada

Este libro ofrece como línea argumental el hecho de que los acontecimientos de los que dan cuenta sus relatos ocurrieron o se imaginaron en Santander. Esta circunstancia subraya el carácter de personaje de la ciudad. En realidad, crea la ciudad como personaje. Es la cara cambiante de la ciudad la que se asoma en todas sus páginas, la que devuelve su mirada al lector. Por tanto, es también la psicología de la ciudad lo que en estos relatos se presenta.

Pero es una psicología transformada en arte. Más allá de los lugares comunes, más allá de las calles llovidas, del viento sur, del nordeste, de la melancolía del cielo repleto de nubes, de la belleza de los crepúsculos en la bahía, de la apacibilidad de la vida…, más allá de todo ello se percibe una forma de expresión que intenta reflejar tragedias íntimas, a veces menudas, a veces grandes, sofocadas por la convención y el temor al rechazo, o hechas de amores contrariados.

Y todas estas imágenes cambiantes del caleidoscopio psicológico son también sociología. Pero es sociología traducida a su condición de arte. El libro, pues, se sirve de una psicología que no es un muestrario descriptivo o analítico de tipos, y de una sociología que recoge datos sin una sistemática reconocida. Pero no siendo ninguna de las dos cosas, es arte.

Su compromiso es el de quienes se expresan y describen su mundo a través de la creación artística.